Lo que resulta increíble es
que día a día podamos relacionarnos con tantas personas considerando que, como
dice el refrán: “cada cabeza es un mundo”, con sus propias experiencias,
sentimientos, valores, conocimientos y formas de vida.
Cuándo nos relacionamos con
los demás esperamos reciprocidad, esto quiere decir que deseamos dar; pero
también recibir, escuchar y ser escuchados, comprender y ser comprendido.
Si nos miramos con
honestidad, podremos reconocer lo que nos disgusta de nosotros; como sentir
rencor, enojo, envidia, e incluso, ser agresivos e irrespetuosos al
relacionarnos con otras personas.
La aceptación y el
reconocimiento de nosotros mismos, nos puede ayudar a superar estas actitudes
negativas y mejorar la relación con otras personas, es decir, la aceptación de
los demás con sus cualidades y defectos, y a que surja la confianza en nosotros
mismos y en los demás.
En ocasiones llegamos a
pensar que si nos relacionamos con gritos y golpes, lograremos que nos vean con
estimación y autoridad. ¡GRAN EQUIVOCACIÓN!, si nos queremos y respetamos a
nosotros mismos no podemos permitir relaciones basadas en la violencia.

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